7 DE DICIEMBRE
Ahora me doy cuenta
de que hice tanto para que me quisieras,
pero vos ya me querías
y me hubieses querido igual,
de cualquier manera.
Y podría decirte lo que fuiste para mí,
el Salvador en mi infancia
el reparo, la ternura
un pasillo
en donde caminamos juntos
después de que fui a buscar
como tantas veces
el Gran Premio:
ese momento con vos
en el Bar Colonial,
el licuado, por supuesto,
siempre fue una excusa.
Hago un esfuerzo
para volver a escuchar tu voz
y trato de revivir ese minuto
no lejos del final
en el que busqué refugio
en tu cuerpo frágil
y te sorprendió un poco:
te habías desacostumbrado
a que te pidiera consuelo.
Y entre tantas cosas me quedo con ese gesto de tus ojos
(veías cosas que yo no sabía que veías)
que me habla a través
de todo lo que después pasó
y no pasó.
Y sí, el 7 de diciembre
sólo queda tu imagen
sin asperezas,
un ángel
o un caballero antiguo.

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