domingo, 29 de enero de 2017

ESBOZO

La llama se apaga, 
el frío despide
el olor de tu piel ausente,
a los versos les crecen manos
que presionan mi garganta, escapan
borbotones salados que caen al piso,
y ahí quedan.

Un árbol talado, el calor se escurre
fácilmente entre el verde,
¿El aire está silencioso o a mi me parece
sentir que las hojas caídas amortiguan los sonidos?

El mar ha levantado una ola de cabelleras
y pieles desteñidas pero cuando se retira
nuestra casa está quieta,
a la espera de ese abrir y cerrar de puertas
habituales.

Muecas de gritos desfiguran las venas,
el aire frio, el árbol talado.
Yo sólo quisiera
volver a casa.

Silvina, abril 1991

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