SI ME DAS LA MANO
Vos estás ubicada en el centro
de mi sistema solar,
recostada sobre unos pies desiguales
a la hora de dar dos pasos más allá,
hacia la pobreza de mi alma.
Tu lugar es muy cómodo
aparentemente
lugar de piedras tibias en un nido falso,
desde la muerte los únicos que llegan
son los ecos fantasmales del día
en que tus ojos negros
fueron sellados por la zona más débil
de las pestañas.
No deseo cargar con la pesada armadura de
tu partida,
ni lacerar cada mucosa sensible de mi piel.
Las mañanas son insoportablemente
tristes cuando tu sombra revolotea
mi cuarto y no tiene ningún sentido
simular pequeñas muertes
cotidianas tus ojos saben,
tan parecidos a los mios,
que los callos de mis pies
se asientan ferozmente
sobre la tierra.
Llamemos al ángel dormido para
que medie y decida -dijiste-.
No
la lucha se decidió un noviembre
y el fallo me favorecía.
Silvina, febrero 1991.
domingo, 8 de noviembre de 2015
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